¿Estás pensando en unas vacaciones tranquilas en Croacia y, al imaginarte una playa de Makarska con gente hasta en la sopa, te dan escalofríos? Pues olvídate de eso. Si en tus vacaciones quieres descansar de la civilización, sigue leyendo: tenemos un par de calas con casas aisladas estilo Robinson en la isla de Hvar que te van a encantar. Hemos recorrido todas estas calas. El pueblo de Bogomolje y sus calas son para nosotros un lugar muy especial. Caímos tan rendidos al encanto de estas calas que volvimos durante 10 años, y no solo en las vacaciones de verano. Es un lugar donde el tiempo se ha detenido un poco. Incluso las guías turísticas pasan por alto esta parte de la isla.

Localidades turísticas de la isla de Hvar
La isla de Hvar está atravesada de este a oeste por una única carretera asfaltada. En la parte occidental de la isla se encuentran las conocidas ciudades de Hvar, Stari Grad, Vrboska y Jelsa, que son los únicos núcleos turísticos de cierto tamaño de la isla. En el este está el puerto turístico de Sućuraj, adonde llega el ferri desde el continente. Entre Jelsa y Sućuraj hay unos pocos pueblecitos dispersos. Algunos de ellos ya han sucumbido a la marcha de los jóvenes al continente en busca de trabajo y se han convertido en aldeas abandonadas. Da pena ver cómo se van arruinando esas casas. Uno de los pueblos que hasta ahora ha sabido conservar un ritmo de vida, aunque sea soñoliento, es el pintoresco Bogomolje.

El pueblo de Bogomolje
El pueblo lo forman unas cuantas casas repartidas a lo largo de la carretera, una oficina de correos, una iglesia con su cementerio y una tienda en una pequeña plaza. La tienda sirve también como una especie de centro de información para quienes siguen camino hacia las calas y no conocen el trayecto. Es además el lugar donde los vecinos se encuentran y se sientan a charlar durante el día. Imagínate un caluroso día de verano: las cigarras cantan, el aire tiembla y huele a mar, a lavanda y al polvo de los caminos, y tú estás sentado en un banco delante de la tienda, en el centro de todo el ajetreo, bebiéndote tu cervecita bien fría. El tiempo se mece perezoso como las olas del mar en una tarde de calor, mientras observas el colorido local. En los bancos que te rodean, los viejos del lugar repasan los asuntos importantes de la vida del pueblo y mantienen debates filosóficos sobre los temas más variados, sin dejar fuera la política. Mientras tanto, beben cerveza y fuman. De vez en cuando llega algún turista a comprar lo imprescindible. Al rato aparece Zvonko, dueño de una de las casas, que hoy lleva una cabra viva en el coche. Luego llegan unos turistas despistados y preguntan en la tienda cómo llegar a la cala. Entretanto, Ante se queja de que los turistas le han roto la cama e Ivo cuenta con todo lujo de detalles cómo en su día unos huéspedes le atascaron la tubería del váter con la tapa de una crema. Y así una y otra vez, hasta que te das cuenta de que ya has bebido suficientes cervezas y todavía tienes que llegar a tu alojamiento en la cala.

Bailes populares
Bogomolje es el núcleo de civilización más cercano a las calas que se adentran en el mar bajo el pueblo. No hay ningún restaurante. La única diversión son las veladas de baile veraniegas, las Bogomoljske ljetne večeri: una fiesta del pueblo con música en directo, algo de picoteo y tómbola. O mejor dicho, lo eran hasta 2016. Al año siguiente, por desgracia, los organizadores no se pusieron de acuerdo sobre cómo debían seguir celebrándose los bailes y, como suele pasar, dejaron de organizarlos. Es una pena enorme, porque era un entretenimiento muy agradable. De vez en cuando se atrevía a ir algún turista. Fue precisamente allí donde conocimos a muchos de los vecinos. La pista de baile solía estar llenísima y a veces se bailaba hasta la madrugada. Hay que decir que los lugareños se sentían honrados cuando los turistas se pasaban por el baile. Desde entonces, al menos, se ha conseguido organizar una vez cada verano una fiesta al aire libre junto a la pista de “balote”. Es el deporte del corazón de los lugareños y tienes que probarlo. El campeón local, Miro Rudan, será un rival digno y seguro que no rechazará una partida. Eso sí, durante la fiesta lo más probable es que sea uno de los jugadores principales del torneo en curso. Además suena música en directo y hay algo para picar y para beber. Todos se esfuerzan en la organización y cada uno arrima el hombro como puede.

El camino a las calas con casas estilo Robinson
La carretera asfaltada sigue desde el pueblo hacia el mar, hacia las distintas calas aisladas del mundo. De esta carretera sale después un camino de macadán y desde allí se baja a cada una de las calas, hasta que el camino acaba en la última, la cala Solotiša. Aparte de los lugareños y los turistas alojados, por aquí apenas se deja caer nadie, a lo sumo algún turista despistado buscando el camino. Hace unos años aquí solo había humildes casitas de pescadores sin electricidad ni agua, accesibles únicamente por un sendero a pie. Los lugareños transformaron las antiguas casas de pescadores en apartamentos y los alquilan. Las calas de la parte norte ya tienen electricidad; las de la parte sur todavía no, así que allí se sigue usando energía solar. Hay que decir que, gracias a los modernos acumuladores solares y a otros avances técnicos, hoy la energía solar ya no supone ningún problema y hay electricidad todo el día. Pero no todas las casas cuentan con este equipamiento moderno, así que puede ocurrir que con tiempo nublado te quedes sin luz. Lo que para uno es romanticismo o el reto de la experiencia Robinson, a otro lo desanima: conviene informarse de antemano. También te compensa averiguar cuántas casas hay en total en la cala. En algunas hay solo una y estarás completamente solo; en otras hay, por ejemplo, cuatro y, por tanto, habrá más gente en la playa. Pero lo de Makarska con gente hasta en la sopa, olvídalo.

Cómo nacieron las casitas estilo Robinson
El dueño de la tiendecita de Bogomolje, el señor Ivo, nos contó lo difícil que fue reformar las casas de pescadores en una época en la que no había ningún camino hasta las calas y todo el material de construcción había que traerlo a pie desde el pueblo o, con suerte, por mar. Para que te hagas una idea: el camino desde la última cala, Solotiša, hasta el pueblo de Bogomolje nos llevó a pie más de una hora. El alquiler de las casas en las calas empezó poco a poco y la culpa la tienen los eslovenos. Fueron ellos los primeros huéspedes, hace unos 30 años, que llegaron hasta aquí (algunos, según dicen, por error) buscando alojamiento. Entonces las casas aún no estaban convertidas en apartamentos, así que los lugareños los alojaban en su propia casa y poco a poco aprovecharon la oportunidad y construyeron los apartamentos. En algunas casas los propietarios siguen viviendo (comprueba esto también de antemano), pero la mayoría vive en una casa del pueblo, o en el continente, y solo se acerca a la cala cuando llegan turistas. Así se pueden encontrar calas con una sola casa, donde el dueño no vive y estarás completamente solo, por ejemplo en la cala Vela Pogorila o en la cala Divja Vela, que está ya más cerca de Sućuraj, pero a la que no se puede llegar más que en lancha. Sencillamente, no hay camino.


Encarga el pan o te quedarás con hambre
Lo que más valoramos aquí fue la atmósfera del lugar y el carácter de su gente. Es como si este pueblo y las calas cercanas no figuraran en ningún mapa. El bullicio y el ajetreo del mundo moderno no han llegado hasta aquí. Por ahora. Hasta el pan hay que encargarlo con un día de antelación: en la tienda no lo vas a comprar. La gente del lugar vive de la agricultura, la pesca y el turismo. Son personas amables y cordiales que te reciben con una sonrisa. Aquí conocimos el auténtico carácter de Hvar, tan distinto del de la gente de las ciudades más animadas de la isla. Se trata sobre todo de la generación mayor, porque los jóvenes se marchan al continente a trabajar. Casi todos cultivan olivos y elaboran aceite de oliva (algunos todavía según las antiguas recetas y procedimientos tradicionales – por ejemplo el señor Josip en la cala Bristova o el señor Miro en la cala Solotiša), que se puede comprar directamente a los lugareños. Muchos se dedican también a la lavanda y producen aceite de lavanda. Por supuesto, aquí también se pueden comprar aguardientes caseros (travarica, rakija, mrtina, orahovica) o incluso miel. De camino a la cala basta con parar junto a una higuera y coger higos frescos. Por todas partes crece romero, aquí y allá almendros y en algún sitio hasta limoneros. La isla tiene mucho que ofrecer.

Cuando echas de menos la civilización
Si te entran ganas de cambiar de aires, puedes acercarte a la agradable y tranquila ciudad de Jelsa, donde hay tiendas de alimentación, restaurantes, cafeterías y tiendas de recuerdos. Jelsa está a unos 30 km de Bogomolje. O a Sućuraj, donde también hay tienda, cafetería y restaurante. A nosotros, sin embargo, casi siempre nos daba pereza ir a la ciudad: disfrutábamos de la tranquilidad tan anhelada. Quien prueba una vez la atmósfera cautivadora de las calas de Hvar y conoce a su gente no puede evitar volver una y otra vez.




